Segundo plantón congregó a vecinos, jóvenes y familias que cuestionan la demolición de la actual Plaza de Armas y exigen conocer a detalle un expediente técnico que viene siendo objeto de cuestionamientos. La regidora Alexandra Reyes y el exalcalde Alejandro Marín participaron de la jornada ciudadana.

La Plaza de Armas de Huaral volvió a convertirse en escenario de una jornada de protesta y participación ciudadana. Cerca de 70 vecinos se congregaron en el segundo plantón convocado en rechazo a la demolición y remodelación del actual espacio central de la ciudad, en una muestra de que el debate ya no se limita a las redes sociales, sino que empieza a trasladarse directamente a las calles.

Jóvenes, adultos y familias llegaron hasta la plaza con una preocupación común: conocer con claridad qué se pretende hacer con uno de los espacios públicos más representativos de Huaral y, sobre todo, cuáles son los argumentos técnicos que justifican la decisión de intervenirlo de manera integral.

El cuestionamiento ciudadano no necesariamente pasa por oponerse a que Huaral tenga mejores espacios públicos. La discusión de fondo es mucho más sencilla y, a la vez, mucho más importante: ¿era realmente necesario demoler la actual Plaza de Armas para modernizarla?

La interrogante cobra mayor relevancia debido a los cuestionamientos que vienen circulando alrededor del expediente técnico del proyecto. Se han puesto bajo la lupa distintos componentes de la propuesta, entre ellos el tratamiento de las áreas verdes, la incorporación de grass sintético y arcos de fútbol, así como la posible afectación de árboles existentes. Frente a ello, la población exige algo que debería ser básico en cualquier proyecto financiado con recursos públicos: información clara, documentación completa y explicaciones técnicas.

Porque un render puede mostrar una plaza moderna y atractiva, pero no puede responder por sí solo las preguntas que plantea la ciudadanía. Una imagen en 3D no reemplaza un estudio técnico, no justifica una demolición y tampoco demuestra que esa sea la mejor alternativa para la ciudad.

Por ello, uno de los principales reclamos de los vecinos es que el expediente técnico sea conocido y explicado públicamente en todos sus componentes, incluyendo estudios, metrados, presupuesto, criterios de diseño, impacto sobre las áreas verdes y las razones técnicas que llevaron a optar por la demolición de la infraestructura existente en lugar de evaluar alternativas de recuperación, modernización o puesta en valor.

En medio de este debate destacó nuevamente la presencia de la regidora provincial Alexandra Reyes, una de las voces jóvenes que viene participando activamente en la discusión sobre el futuro de la plaza. Su presencia ha cobrado especial relevancia porque representa a una nueva generación de autoridades que, en lugar de mantenerse al margen, ha decidido involucrarse directamente en una controversia que preocupa a parte de la población.

Reyes ha expresado públicamente sus cuestionamientos al proyecto y ha participado de las acciones ciudadanas que buscan abrir el debate sobre la intervención de la Plaza de Armas. Su posición también pone sobre la mesa el papel que debe cumplir un regidor dentro de un concejo municipal: no solamente participar de las sesiones, sino también fiscalizar, escuchar a la población y formular preguntas cuando existen dudas sobre un proyecto de gran impacto para la ciudad.

La jornada también contó con la presencia del exalcalde provincial Alejandro Marín, cuya participación tiene un componente particularmente simbólico. Durante su gestión se construyó la actual Plaza de Armas, infraestructura que hoy forma parte del paisaje urbano y de los recuerdos de varias generaciones de huaralinos.

Por ello, la presencia de Marín permitió incorporar al debate una perspectiva histórica que muchas veces queda relegada cuando se habla únicamente de presupuestos, diseños y obras. La pregunta que surge es inevitable: ¿una ciudad necesariamente tiene que destruir aquello que construyeron generaciones anteriores para demostrar que está avanzando?

Modernizar una ciudad no debería significar automáticamente borrar su memoria. Huaral necesita mejores espacios públicos, mayor seguridad, accesibilidad, áreas verdes y lugares adecuados para sus familias, pero eso no significa que la única alternativa sea demoler aquello que ya existe.

La discusión debería partir de una comparación seria entre alternativas. ¿Cuánto costaría recuperar y modernizar la plaza actual? ¿Cuánto costará demolerla y construir una nueva? ¿Qué elementos de la infraestructura existente pueden conservarse? ¿Qué ocurrirá con los árboles y las áreas verdes? ¿Qué beneficios adicionales obtiene la población con la demolición total? Y, fundamentalmente, ¿qué estudio técnico demuestra que construir una plaza completamente nueva es mejor que recuperar la que ya tenemos?

Son preguntas legítimas que no deberían interpretarse como una oposición al desarrollo. Por el contrario, pedir explicaciones antes de ejecutar una obra de gran impacto constituye una forma de participación ciudadana y de defensa del uso responsable de los recursos públicos.

El segundo plantón demuestra precisamente eso. La población está comenzando a involucrarse y a exigir respuestas antes de que las decisiones sean irreversibles. Porque una vez que una retroexcavadora ingresa y la infraestructura desaparece, ya no existe posibilidad de volver atrás.

Hoy fueron aproximadamente 70 personas. Mañana podrían ser muchas más. El número puede crecer, pero lo verdaderamente importante es que está creciendo el interés ciudadano.

La Plaza de Armas no pertenece a una gestión municipal, a un alcalde ni a una organización política. Es un espacio de todos los huaralinos y forma parte de la identidad urbana de la provincia.

Por eso, antes de demoler, corresponde explicar. Antes de gastar, corresponde sustentar. Antes de transformar, corresponde escuchar.

Huaral no está diciendo que no quiere una plaza moderna. Huaral está preguntando si para tener una plaza moderna necesariamente tiene que perder la que ya tiene.

Y mientras esa pregunta siga sin una respuesta técnica, clara y convincente, el debate continuará en las calles.

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