El reasentamiento de Morococha dio origen a una nueva ciudad con más de mil viviendas y decenas de instalaciones públicas. El proceso comenzó antes de la mudanza de 2012 y continúa siendo uno de los casos más importantes de reasentamiento urbano asociado a una operación minera en el Perú.

JUNÍN. En medio de los Andes peruanos, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, existe una ciudad que prácticamente nació de cero para convertirse en el nuevo hogar de una población que durante décadas estuvo vinculada a la actividad minera.

Se trata de Nueva Morococha, construida en el distrito de Morococha, provincia de Yauli, región Junín, como parte del proceso de reasentamiento asociado al desarrollo del proyecto minero Toromocho, operado por Minera Chinalco Perú.

El proyecto implicó mucho más que trasladar viviendas de un lugar a otro. Significó construir una nueva ciudad, dotarla de servicios básicos, infraestructura pública y espacios destinados a la vida comunitaria y, posteriormente, trasladar a más de un millar de familias.

De acuerdo con documentación técnica y fuentes vinculadas al proyecto, se construyeron aproximadamente 1.048 viviendas, además de infraestructura pública que incluyó instituciones educativas, centro de salud, comisaría, locales municipales, iglesias, espacios deportivos, mercado y otras instalaciones necesarias para el funcionamiento de la nueva ciudad.

UNA CIUDAD CONSTRUIDA PARA REEMPLAZAR A OTRA

El origen de Nueva Morococha está relacionado directamente con la expansión del proyecto minero Toromocho.

La antigua ciudad de Morococha se encontraba ubicada en una zona vinculada al área de desarrollo de la operación minera. Por ello se planteó un proceso de reasentamiento de la población hacia un nuevo emplazamiento denominado Carhuacoto, donde se desarrollaría la nueva ciudad.

El proceso comenzó varios años antes de la mudanza efectiva. Según una investigación desarrollada por la Pontificia Universidad Católica del Perú, el anuncio del reasentamiento se produjo en 2006 y la mudanza comenzó en 2012, año en el que se trasladó más del 90 % de las familias beneficiarias durante el primer año.

La construcción de la nueva ciudad tomó aproximadamente 26 meses. La empresa constructora Unicon registra el periodo de ejecución entre noviembre de 2010 y diciembre de 2012 y reporta la entrega de 1.048 viviendas y diversos locales comunales y de servicios.

MÁS QUE CASAS: SE CONSTRUYÓ UNA CIUDAD

Uno de los aspectos más importantes del proceso fue que el reasentamiento no se limitó a entregar nuevas viviendas.

La propuesta contempló reproducir y mejorar la infraestructura pública que existía en la antigua Morococha.

La documentación ambiental de Chinalco señala que fueron construidos nuevos centros de salud, instituciones educativas, museo, coliseo deportivo, losas deportivas, locales comunales y sociales, Centro Cívico, locales municipales e iglesias. También se implementaron vías, veredas, alumbrado público, parques y áreas recreativas.

La infraestructura incluyó además sistemas para garantizar servicios básicos. La documentación técnica registra la construcción de una Planta de Tratamiento de Agua Potable y una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Domésticas, destinadas a atender las necesidades de la nueva ciudad.

En materia urbana, el proyecto contempló aproximadamente 65.752 metros cuadrados de vías pavimentadas, 28.560 metros cuadrados de veredas, 528 postes de alumbrado, 33.185 metros cuadrados de áreas verdes, 11 losas deportivas y 1.273 metros cuadrados de zonas recreativas.

Es decir, el objetivo no fue simplemente trasladar personas.

El desafío fue crear las condiciones para que una comunidad pudiera continuar desarrollando su vida en un nuevo territorio.

EL FACTOR HUMANO DEL REASENTAMIENTO

Detrás de las cifras existe una dimensión que no puede medirse solamente en metros cuadrados, viviendas o infraestructura.

Morococha era una población con historia, vínculos familiares, actividades económicas, costumbres y una identidad construida durante generaciones alrededor de la minería.

Por ello, trasladar una ciudad completa significó también trasladar relaciones sociales, recuerdos y formas de vida.

La propia empresa señala que el diseño de Nueva Morococha fue desarrollado mediante un proceso de diálogo con residentes y autoridades, tomando como referencia estándares internacionales y estudios técnicos, arquitectónicos y sociales.

El proceso también estuvo acompañado por compensaciones económicas y acciones de formalización de la propiedad. Un informe del Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles señala que Chinalco entregó nuevas viviendas a las familias reasentadas y que, en alianza con COFOPRI, se avanzó en la entrega de títulos de propiedad.

UN REASENTAMIENTO QUE NO ESTUVO EXENTO DE CONFLICTOS

Sin embargo, presentar la historia únicamente como una construcción exitosa sería incompleto.

El proceso de reasentamiento generó también cuestionamientos, negociaciones y desacuerdos entre sectores de la población, autoridades y empresa.

Documentos oficiales registran que algunas familias rechazaron trasladarse a Nueva Morococha y que el proceso requirió espacios de diálogo y negociación durante varios años. En 2018, por ejemplo, el Ministerio de Energía y Minas intervino en acuerdos entre la población de Morococha, sus autoridades y Chinalco, incluyendo temas relacionados con infraestructura, desarrollo y la situación de las familias que permanecían en la antigua ciudad.

Un informe del Senace señala que, para 2021, el reasentamiento había alcanzado un avance de 98,9 %, con 18 familias que permanecían en la antigua ciudad frente a las 1.676 familias existentes en el año 2006. El mismo documento precisa que la antigua Morococha había sido declarada zona de alto riesgo no mitigable.

Estos antecedentes muestran que un reasentamiento de esta magnitud no termina cuando se entregan las llaves de una vivienda.

La verdadera prueba comienza después: cuando las familias deben reconstruir su vida, desarrollar actividades económicas, mantener sus vínculos comunitarios y convertir una ciudad nueva en un verdadero hogar.

EL RETO DESPUÉS DE LA MUDANZA

Una investigación de la Pontificia Universidad Católica del Perú dedicada precisamente a la etapa posterior al traslado estudió la gestión social desarrollada después de la mudanza.

El estudio destaca que el proceso de reasentamiento no debe analizarse solamente desde la infraestructura construida, sino también desde lo ocurrido con la población una vez instalada en la nueva ciudad.

Ese punto resulta fundamental para cualquier proyecto de gran escala que implique trasladar comunidades.

Una vivienda puede construirse en meses.

Una ciudad puede levantarse en pocos años.

Pero reconstruir el tejido social de una comunidad puede tomar generaciones.

UNA EXPERIENCIA QUE DEJA LECCIONES PARA EL PERÚ

El caso de Nueva Morococha ofrece una experiencia que merece ser estudiada con mayor profundidad en un país como el Perú, donde proyectos mineros, energéticos, portuarios, viales y de infraestructura pueden requerir modificaciones importantes en el territorio.

La principal lección es que un proceso de esta naturaleza no puede reducirse a una relación entre empresa e infraestructura.

Requiere planificación territorial, diálogo, información transparente, mecanismos de compensación, servicios públicos, seguridad jurídica, oportunidades económicas y acompañamiento social.

Y, sobre todo, requiere entender que detrás de cada vivienda existe una familia y detrás de cada comunidad existe una historia.

MOROCOCHA Y EL FUTURO DE LAS GRANDES INVERSIONES

Nueva Morococha es hoy una ciudad planificada que nació como consecuencia de una de las operaciones mineras más importantes del país.

Chinalco señala que la nueva ciudad comenzó a hacerse realidad en 2012 y que posteriormente sus habitantes han ampliado viviendas y desarrollado negocios propios.

Pero el valor de esta experiencia no debería medirse únicamente por el número de viviendas construidas o por la infraestructura entregada.

Debe medirse también por la capacidad de una comunidad para reconstruir su vida y convertir un espacio nuevo en un lugar con identidad propia.

Porque trasladar una ciudad no significa simplemente mover edificios.

Significa trasladar personas, historias, familias, recuerdos y esperanzas.

Y esa es probablemente la dimensión más importante de la historia de Nueva Morococha.

UNA HISTORIA QUE TRASCIENDE LA MINERÍA

La experiencia de Morococha plantea una pregunta que seguirá siendo relevante para el futuro del Perú:

¿Cómo lograr que una gran inversión económica también signifique una verdadera transformación positiva para las comunidades que conviven con ella?

Nueva Morococha constituye una de las respuestas que el país puede estudiar.

Una ciudad de más de mil viviendas, decenas de instalaciones públicas, servicios básicos e infraestructura urbana fue construida para acompañar el traslado de una comunidad.

Pero el verdadero resultado de ese proceso no se encuentra solamente en las calles, las casas o los edificios.

Se encuentra en las personas que tuvieron que dejar atrás una ciudad conocida para comenzar nuevamente en otra.

Porque una ciudad puede construirse con concreto, acero y maquinaria. Pero una comunidad solo puede construirse con personas, confianza, oportunidades y tiempo.

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