3 Feb 2026, Mar

#Opinión / 🖊️ Treinta y seis candidatos y un país sin rumbo claro

Superado el periodo de tachas, el Perú entra oficialmente en la carrera hacia las Elecciones Generales del 12 de abril de 2026 con una cifra que ya no sorprende, pero sigue preocupando: 36 candidatos presidenciales en competencia. Más que una muestra de pluralidad democrática, este número vuelve a evidenciar la profunda crisis de representación política que atraviesa el país.

La abundancia de candidaturas no se traduce en más ni mejores opciones para el electorado. Por el contrario, revela un sistema político fragmentado, sin partidos sólidos y con liderazgos improvisados que aparecen cada cinco años sin arraigo, sin equipos técnicos y, en muchos casos, sin una propuesta seria de país. Elegir en este contexto no es un ejercicio de convicción, sino de descarte.

Que todos estos postulantes hayan superado el proceso de tachas no es garantía de idoneidad ni de solvencia moral o técnica. Es apenas el cumplimiento de requisitos formales mínimos. El problema de fondo no está en el filtro, sino en un sistema electoral que permite que cualquier aspiración individual se convierta en candidatura presidencial sin un verdadero respaldo político ni social.

Con 36 nombres en la papeleta, la campaña corre el riesgo de reducirse al ruido: frases efectistas, promesas imposibles y enfrentamientos mediáticos que desplazan el debate de fondo. Mientras tanto, temas urgentes como la inseguridad, la crisis económica, la precariedad de los servicios públicos y la corrupción estructural quedan relegados a discursos genéricos y slogans vacíos.

Esta dispersión no es inocua. Ya la hemos visto traducirse en gobiernos débiles, congresos fragmentados y una inestabilidad permanente que termina pagando la ciudadanía. Sin mayorías claras ni proyectos sólidos, gobernar se vuelve un ejercicio de supervivencia política antes que de liderazgo.

La responsabilidad no recae únicamente en los candidatos. Los partidos políticos, los organismos electorales, los medios de comunicación y los propios ciudadanos tienen un rol clave. Exigir propuestas concretas, revisar trayectorias y no dejarse seducir por el espectáculo es una tarea urgente si se quiere evitar repetir los errores del pasado.

El problema no es que haya 36 candidatos. El problema es que, entre tantos nombres, siga siendo difícil encontrar proyectos capaces de devolverle al país un rumbo claro y una gobernabilidad real.