El Ministerio del Ambiente (Minam) advirtió que la minería ilegal se ha convertido en una de las principales amenazas para la seguridad hídrica del país. En los últimos veinte años, más de 3.000 toneladas de mercurio habrían sido vertidas en ríos y quebradas, generando un daño irreversible en los ecosistemas y poniendo en riesgo la salud de millones de peruanos.
El funcionario del Minam, Yury Pinto, explicó que esta situación no solo afecta el medio ambiente, sino también la estabilidad social y económica. “La minería ilegal disfrazada de informalidad es un peligro directo para la sostenibilidad del país”, remarcó.
Regiones como Madre de Dios soportan el mayor impacto: allí se vierten cerca de 27 toneladas de mercurio al año, lo que ha ocasionado la pérdida de más de 100 mil hectáreas de bosques y ha contaminado peces de consumo humano con metilmercurio, una sustancia altamente tóxica que puede causar graves problemas neurológicos.
La contaminación por mercurio pone en cuestión la capacidad del Estado para garantizar derechos básicos como el acceso al agua potable y a la seguridad alimentaria. El problema se agrava porque la minería ilegal avanza hacia cabeceras de cuenca y zonas prohibidas, afectando directamente a las comunidades que dependen de esas fuentes de agua.
Frente a este escenario, el Gobierno ha anunciado una estrategia nacional contra la minería ilegal, que incluye el fortalecimiento de la fiscalización, el control de la comercialización de minerales ilegales y la persecución de las mafias que se enriquecen a costa del ambiente y de la salud pública.
Más allá de los anuncios, el desafío radica en la voluntad política real para enfrentar este problema. El Estado peruano ha demostrado ser débil frente a las mafias de la minería ilegal, que no solo contaminan los ríos, sino también la institucionalidad, al corromper autoridades locales y frenar políticas ambientales. La alerta del Minam no debería quedar en un pronunciamiento técnico, sino en un llamado a la acción política firme y sostenida. De lo contrario, la seguridad hídrica del Perú seguirá siendo una promesa incumplida para las futuras generaciones.

