El Ministerio de Cultura del Perú enfrenta una situación crítica: en la última década, ha habido una rotación de más de veinte titulares al frente del sector, lo que evidencia una enorme inestabilidad institucional que pone en riesgo la protección y conservación del patrimonio cultural nacional. Esta falta de continuidad administrativa coincide con los alarmantes informes sobre deterioro, amenazas naturales, arquitectura desprotegida y gestión poco eficaz en monumentos emblemáticos.
Una de las estadísticas más preocupantes revela que más del 65 % de los bienes inmuebles declarados Patrimonio Cultural de la Nación estarían en situación crítica ante sismos u otros desastres naturales, por falta de mantenimiento adecuado, recursos técnicos insuficientes o abandono prolongado. Las autoridades del Ministerio han aprobado un plan de acción nacional para el periodo 2024-2025 con la finalidad de prevenir daños, responder ante eventos adversos y recuperar inmuebles afectados, pero los plazos de ejecución, financiamiento y la capacidad operativa han sido puestos en duda por diversos especialistas.
Académicos, arquitectos, arqueólogos y representantes de comunidades locales coinciden en que la pieza fundamental que falta es una visión política estable que dé soporte no solo a iniciativas coyunturales sino a políticas de Estado que trasciendan los cambios ministeriales. Como señala uno de los expertos:
“no basta con medidas reactivas ni con ministros fugaces; el patrimonio necesita compromiso duradero, técnicos especializados y presupuesto sostenido”. Otro estudioso remarca: “cuando cada ministro dura meses, los proyectos no se consolidan y muchas obras quedan paralizadas o simplemente olvidadas”.

Las advertencias también provienen de organismos internacionales. En el caso de Machu Picchu, por ejemplo, se han señalado presiones por turismo sin gestión sostenible, incremento en denuncias de malas prácticas en venta de entradas, dificultades de transporte y señales de deterioro que podrían afectar tanto la integridad física del sitio como su reconocimiento internacional. Frente a esto, el Ministerio de Cultura ha defendido los avances logrados y la supervisión de entidades como la UNESCO, pero críticos consideran que esas defensas no bastan si no se traducen en cambios estructurales.
Este escenario deja claro que lo que está en juego no es solo un conjunto de monumentos, museos o sitios arqueológicos, sino la memoria colectiva del país, la identidad cultural y el patrimonio moral que trasciende generaciones.
El abandono prolongado del patrimonio peruano es también el síntoma de una debilidad más grave en nuestras instituciones: cuando los ministerios se convierten en cargos de paso, sin liderazgo claro ni planes estables, se erosiona la capacidad del Estado para proteger lo que nos hace distintivos como nación. Se requieren ministros con mandato claro, con respaldo político, técnicos competentes y presupuesto garantizado. De lo contrario, corremos el riesgo de que nuestra herencia cultural pase a ser mero decorado, vulnerable al olvido, al deterioro y a los intereses privados o meramente utilitarios. La cultura no puede depender del ministro de turno; debe depender de la ciudadanía organizada, de la responsabilidad del Estado, y del compromiso político que ponga el patrimonio en el centro de las prioridades nacionales.
