En un acto de resistencia ciudadana, cientos de pobladores de Chancay salieron a las calles junto a sus dirigentes y autoridades locales para exigir al Gobierno respuestas inmediatas frente a la crisis que afronta el distrito. La protesta, marcada por consignas contra la presidenta Dina Boluarte, buscó visibilizar el abandono estatal pese a los millones que genera el megaproyecto portuario.
Desde tempranas horas, los vecinos se desplazaron por la Panamericana Norte, resguardados por un contingente policial que evitó desmanes. Con banderas, pancartas y cánticos, denunciaron lo que consideran un olvido sistemático del Estado.
La movilización culminó en la Plaza de Armas, donde el alcalde Juan Álvarez Andrade lanzó un duro mensaje al Ejecutivo:
“Si no convocábamos a esta marcha, jamás nos habrían llamado a dialogar. Este es un gobierno indolente ante la necesidad de Chancay”.
También reveló que, pese a que el Congreso aprobó un presupuesto de 265 millones de soles para el distrito, hasta la fecha ni un sol ha llegado. Recordó, además, que el puerto de Chancay cumple un año de operaciones con más de 600 millones de soles reportados al Estado, sin que esos recursos se reflejen en la población local.
“La Presidenta se ha olvidado de este Chancay que seguirá aportando al país. Basta de promesas y convenios. Falta decisión política”, subrayó.

Finalmente, Álvarez cuestionó la creación de la Autoridad Autónoma de Chancay, la cual asumiría las obras que antes estaban bajo convenio con la ANIN, y anunció que se reunirá con el exministro Julio Demartini para exigir que se inicien los perfiles técnicos y expedientes de las obras urgentes que requiere la zona.
La protesta en Chancay no es solo un reclamo local: representa un fuerte cuestionamiento al modelo de gestión del gobierno de Dina Boluarte. Mientras el megaproyecto portuario promete dinamizar la economía nacional, los propios pobladores sienten que sus necesidades son relegadas a un segundo plano. La brecha entre el discurso centralista y la realidad territorial evidencia un Estado que prioriza cifras macroeconómicas antes que el bienestar de su gente.
Chancay alzó su voz como símbolo de resistencia frente a la indiferencia política, y su protesta podría convertirse en un eco nacional. El mensaje es claro: no se puede seguir gobernando desde Lima ignorando las demandas de las regiones. En un contexto de fragilidad social y política, cada protesta que nace en los distritos es también un llamado de alerta para el futuro del gobierno.

